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Hace once años, el Titanic de James Cameron zarpó diciendo adiós al gran espectáculo de Hollywood. La epopeya de aquel barco fue como una despedida del cartón y piedra. En unos años, Peter Jackson unió por un momento el cartón de los decorados de antaño con la era digital. Las prótesis se mezclaban con las telas azules. Este universo, ha seguido mezclándose aunque cada vez con menos brillo –Robert Zemeckis ha ido dándose con la misma piedra desde hace seis años-, dejándose seducir más por lo azul que por lo real. Pero once años después de este barco, Cameron da por fin la gran bienvenida a esta era digital y del 3D. Avatar es un avatar del Hollywood de antes con el de ahora. El director le ha dado al cine de los grandes espectáculos pirotécnicos, un traje nuevo, hecho a medida y donde convergen estilos, ideas y nuevas tecnologías, todo ello envuelto en un tono muy cerca de Bailando con lobos.
A nivel comercial, Avatar es una cinta de proporciones descomunales y esta ha sido su principal arma durante todos estos años de presencia mediática. Todo se ha guardado bajo mil llaves y la expectación ha ido creciendo mes a mes hasta llegar a una semana del estreno. El público conoce el film, ¿pero esto será suficiente para hablar de un gran éxito? Lo cierto es que no tiene contrincantes, Avatar ha hecho un efecto disuasorio de los enemigos, y se ha reservado el momento mágico de la Navidad. No casualmente, esta fecha ya fue elegida por la triología de El señor de los anillos, y cada film produjo ingresos entre los 47 y los 72M$. Los tres filmes tienen en común con Avatar el universo de gran espectáculo mediático y para todos los públicos. La película de Cameron no es una “simple” película estilo 2012 o Transformers, sino que se irgue como un film grande, obligatorio (un must see total) y con la singularidad de recibir la bendición de la crítica americana. Más mitómano es pensar que Fox y Cameron estrenaron Titanic en un fin de semana como este.
Avatar en la taquilla: el blockbuster navideño
Con todo esto, Avatar ha levantado mucha más expectativa que cualquier otro film de este año y esto debería traducirse en un primer fin de semana fuerte, seguramente entorno a los 60-65-75M$. No romperá récords, pero Fox sabe que los siguientes días serán muy fuertes, y los fines de semana hasta después de Año Nuevo son sólidos, por lo que Avatar podría triplicar esta cifra -180-190M$- antes de llegar al fin de semana de Martin Luther King. Con esto, la cinta podría tener claros objetivos hacia los 250M$, un dato que necesita del éxito internacional.
A nivel sociológico, la película de Cameron tiene a favor el sabor de film de Hollywood premiable por la Academia, algo que le añade un valor de prestigio clave para los espectadores, pero el público más joven, el menor de 30 años, posiblemente no acabe de ver en Avatar un film suyo o similar a El señor de los anillos. Es bastante tradicional que el cine de grandes expectativas no acabe de saciar a este público, pero muy posiblemente esto no afecta a otros sectores. Avatar no es cine adulto, pero el gran espectáculo de Cameron podría tener en el target familiar una clave del éxito. Las Navidades y la promoción de Fox fácilmente podrían seducir al público de 9 a 13 años, arrastrando en masa a estos sectores y con ello, las cifras de estas primeras tres semanas serían fantásticas.
A nivel europeo esto difícilmente pasa. Avatar será el gran espectáculo y seducirá por ahí, pero tendrá un difícil camino entre los sectores más adultos. Como en todo, la Navidad le ayudará ya que ser convertirá en el gran título de las vacaciones, pero la competencia será más dura, ya que sí se estrenarán algunos pesos pesados. Aquí la crítica poco pintará en la función ya que es en EE.UU. donde se decide el ritmo de los premios, y si Avatar tiene que estar en los Globos de Oro, los Oscar o donde sea. Si en Estados Unidos será el público familiar el que de el do mayor, en Europa para salir de las cifras mediocres deberá hacerse con algún efecto premio ya que no cuenta con las armas de El señor de los anillos y por desgracia a muchos les olerá el asunto a 2012 o Transformers. Con todo, de repetir las cifras de estas dos películas, Avatar lograría más de 400M$, lo que elevaría el conjunto mínimo de la cinta a los 650-700M$.
Avatar: un total acierto pirotécnico
Avatar cuenta una historia clásica de un soldado en tierras extrañas y como por accidente termina involucrándose en la vida de los habitantes de ese lugar. Como en Bailando con lobos o El nuevo mundo (la historia de Pocahontas contada por Terrence Malick), Avatar es un relato sobre las culturas extranjeras y desconocidas por el mundo occidental. Sabiendo esto, Cameron no trata de dar a la historia ningún matiz novedoso –algo que es criticable, y por el que lo criticará más de uno-, sino que centra su atención en el nuevo mundo que descubre su personaje principal. Es en este punto donde la película funciona a toda máquina, la curiosidad del personaje de Sam Worthington es el motor de la historia, y Cameron logra que sintamos lo que siente él. Los hermosos lugares, los matices de los personajes y la lograda ambientación son todo un triunfo en mayúsculas para su director. Lo que no ha logrado Zemeckis en tres películas, Cameron lo logra en una. Por primera vez, la tecnología 3D se justifica para entender todo lo que sucede a nuestro alrededor.
En estos dos años de intentos tridimensionales, Avatar es la reina absoluta al lograr imprimir imágenes inolvidables, con texturas impresionantes, y llena el vacío que hay entre la pantalla y los ojos del espectador. Cameron construye un nuevo mundo entero y ese es su acierto, sobrepasando los defectos de un film algo largo y pesado en su primer acto, y falto de originalidad. De estos defectos también destaca una música de James Horner que no acaba entrar en el oído como hacia en Titanic o Leyendas de pasión, y la canción final es casi un despropósito artístico. Una pecata minuta que se olvida rápido gracias a la presencia de Sigourney Weaver y todos los guiños a Aliens.
A modo personal, Avatar me recuerda a esas películas de antes –y que ahora sólo saber hacer los señores de Pixar- que te invitaban a soñar y entender que Hollywood es la fábrica de sueños.
Pau Brunet